Sinestesia de buena vida
decantada en iluminadas marcas. Dentro de las más intencionadas existen mis
tatuajes. No concibo estar a cierta distancia del cuerpo en que persisto. La
tinta abrazada a la piel es una representación simbólica del sujeto. Según
las cartas del designio debieron ser tres. Cada uno viviendo en particularidades.
Bajo su propia importancia. Vista en
ensamble, dicha simbiosis grafica representa un componente de mi identidad.
Amalgama del fui, soy y seré.
Para la materialización del
antiguo deseo la ubicación se constituyo en un presupuesto fundamental. Pensé
en la parte alta de la espalda contigua a los hombros, espectro de mi cuerpo
que presentía acoplarse a la tinta. La primera ocasión no concreto una experiencia
agradable. Decepción frente a lo imaginado. Había cumplido 18 años y buscaba marcarlo con una señal. Abreviar una idea. Convencido medite la posible forma. Visualice
con exactitud las dimensiones de mi omoplato izquierdo. De pronto, apareció
congelado un inspector Gangter
en dos tonos marcando un emblema de orígenes. Aquel detective pertenecía a una
orquesta musical propiciadora de un valle de balas. Precursores, junto a otro
puñado de bandas, del boom del ska en
el Sur de América, hablaban en propiedad de Desorden
Público. Me sentí identificado. Llegue a tan pequeño local atendido por un
caballero de largos dreadlocks que no
gustaba del reggae. Contemplo mi invitación, me sentó en una
silla y comenzó su trabajo. Millones de punzadas por minuto atravesando el lomo
para sentir la carne. Sensación de adrenalina colmada de un inexplicable dolor
al que llegue a acostumbrarme. Guantes de cirugía, aroma de alcohol medicado,
servilletas de cocina manchadas de negra tinta mezclada con sangre.
Pasada la hora de sesión estaba
seguro del final. Por desgracia la noticia fue otra. Según me explico el dibujante
el muñequito a blanco y negro había quedado pálido porque mi piel de sensible
pigmentación expulsaba altas cantidades de líquidos rojos. Era necesario hacer dos
o tres sesiones. No comprendía lo que había pasado. Triste salí del lugar con
el peso de la desilusión y una caja de terramicina. Pague mi precocidad por lo
que nunca regrese. El lugar no era el mejor, el tipo no me simpatizaba. Deje
las cosas como estaban.
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Desorden Público primer disco. Logo tatuado en la parte superior |
Pasó largo tiempo para que
recordara una tarea pendiente. Resolví ampliar el sentido de esa paupérrima
imagen. Quería darle color, sonido, ritmo. Así se comporta el reverso de mí.
Volvieron las reflexiones. Había que fabricar un concepto. Buenos vientos
inspiraron un día de euforia. Positiva calificación que enorgullece el alma. Me
entregue a fumar la noche. Extenso
camino por la séptima avenida. La naturalidad me coloco en una tienda de aretes
y tatuajes, antes antiguo bar. Dos calles después de la cincuenta y tres. Presentí
que había encontrado el lugar. El pintor se presento. Lo apodaban Kike, menudo rockero de delicados
trazos. Decidí confiarle el secreto. Planeaba montar una galería ambulante de
arte en mi espalda. Yo el curador, sugerí puntuales puntos de vista. Buscaba
reanimar al inspector, desprender un mensaje desde la columna vertebral, y
completar el costado derecho con otras influencias.
El artista: Mr. Kike |
Bien, pactamos una cita. Como
cualquier oferente me enseño su propuesta. Era justo lo que estaba buscando. Así
lo había imaginado. Sellamos el trato. Los nervios me dominaban. Esta vez, tuve
que recostarme en una camilla de cómoda almohada. Sentí que algo comenzaba a
suceder de nuevo. Pasada hora y media, flotaba extasiado de la concentración
con que el artista condensaba la exposición.
Ningún rastro de duda. Era él, la aguja, mi entidad. Sutileza en máximo
esplendor. El entorno debía ser
compatible de lo contrario la idea fracasaba. Higiene absoluta. El juego de los
colores en una pequeña paleta. Copos de nieve de anestésica energía. Luz de neón. Había dolor, por su puesto. La corporalidad
es la constitución de un delicado tesoro. Decidimos hacer una pausa. Retomo el
trabajo con calma. La concentración continuaba. En aquella camilla mi mente
construía maravillosas sensaciones.
Saturninos pensamientos sobre lo que estaba sucediendo. Conjeturaba la tinta
circulando para impregnarse en la piel. La aguja perforando rápidamente los
huesos. La música transformándose en iconografías. Piezas mortales de una sopa
de letras, humano respiro de alegría, satisfacción de cumplir un proyecto.
Borrador del diseño |
Poseo especial cariño por tales
tatuajes. Si me disgustaran mi vida sería una pesadilla. Viven escondidos
esperando el momento indicado para mostrarse. Habito autobiográfico. Es
agradable pensar que jamás podre ver aquellas
pinturas con mis propios medios. Tan solo si me esfuerzo en girar bien la cabeza, aspiro a encontrar las
direccionadas puntas. Es por lo tanto, una condición sine qua non recurrir a espejos o fotografías para entender cómo se
comportan.
Momentos posteriores al final de una idea |
La Mano Negra, a la derecha,
trasmite ironía. Navegante de canciones enajenadas en distintos idiomas. El
expreso del hielo, la idiosincracia de Barcelona, fiebre de putas, Fidel
Nadal, faro Guayaquil.
Presentaciones en barco cargado de aventuras, míster matanza, Hot Pants, los dados mágicos, ciudad
planeta. Aquel de la izquierda, es el veterano que ha vuelto a ser joven. Se ha apoderado de la danza de
los esqueletos. Latino a flor de piel, saxofones molotov prediciendo economías,
África regresando al Caribe. Un tributo al sello de Jerry Dammers, Tokio enloquecida, primer cassette, zapatos resbalosos, inolvidable concierto, skapate conmigo.
Del centro se desprende la combinación de una expresión. El sound system de mi espalda. Tocadiscos
sin nombre, punto de partida, let it play.
Las alas Freedoom/Sound son la
culminación de una inmensa bola de fuego que lanzaron los Skatalites. Virtuosas armonías instrumentales que desatan la
libertad y el sonido. Discursos sobre lo esencial de mi lenguaje. Lejos de todo
ideal, ambas palabras son una convicción. Presupuesto existencial. Prisma de
letras que se descompone para emboquillarse en significados poseedores de un único
carácter. Cuenta regresiva de lanzamiento de toda fiesta musical, temblor que
imprevisible momento altera. En la parte inferior, emblemáticas banderas
recuerdan diásporas. Caribeñas historias que se conjugaron en Europa, barcos de
miles de jamaiquinos conquistando islas lejanas. Nuevos Trenchtown en el sur este de Londres. El éxodo de Bob Marley, los viajes de Prince Buster, las Colecciones de Trojan Records, mutación precursora del rocksteady. Misteriosos secretos que
descansan en patrimonios culturales que no desaparecen. Necesidad de preservar
las raíces: el chiken jerk, los
carnavales de Notingh Hill, la furia
de Hailie Selassie. Escenas que en
mi se humedecieron. Colores tatuados que mi colombianidad enriquecen. Ante el
sonido la libertad se divierte en la memoria del alma. Paso despacio las manos sobre
la galería ambulante de mi espalda. Siento ganas de bailar. ¡PICK IT UP, PICK IT UP, PICK IT UP!
"Planeaba montar una galería ambulante de arte en mi espalda. Yo el curador, sugerí puntuales puntos de vista." Me encantó esa frase.
ResponderEliminarMe alegra saber que esa frase gustó,también me entretiene verla escrita. Gran abrazo. Buen viento.
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